- 05 May 2026, 20:39
#78415
Buenas tardes a todos,
Ahora que tengo vuestra atención, y siguiendo con la presentación de Edgar tan elaborada y cómica, me he decidido por pasar de las presentaciones de dos líneas, a eso que dicen los artistas actuales para evitar usar la palabra copiar: a inspirarme en su presentación y contaros mi historia.
En un lugar de España, de cuyo nombre no quiero acordarme, vivía una persona funcional, feliz con su Nespresso Vertuo y la crema del tamaño de la mano de un recién nacido. Esa mundo donde "intensidad 10" sonaba a algo serio, y mi paladar era un terreno virgen de tuestes medios, adaptado al torrefacto, al sabor a metal; al What Else? y a George Clooney. Libre. Ignorante. Feliz.
Hasta que cometí un grave error.
Hace un par de años un maldito psicópata, que probablemente llevaba una Aeropress Go y un Comandante al trabajo, me dijo: "prueba este café, a ver si notas algo". Y claro, uno no es de piedra. Uno prueba. Uno siente. Y lo que empezó como una salvaje trampa inocente, terminó siendo la puerta de entrada a un universo paralelo donde la palabra "retención" dejó de usarse únicamente cada 6 meses en una llamada de Movistar; donde si mi báscula no tiene la misma precisión que las empleadas por los traficantes de La Línea de la Concepción no es una báscula, es una romana; donde un "27s / 36gr" me alegra el día, y un "24s / 36gr" me deja inválido; y donde, en definitiva, todo tiene más valor (caro), calidad (caro) y es más complicado (caro).
Cual foto de un iceberg en el mar, donde la punta es Google y el fondo es una página de intercambio de órganos de la Deep Web, me metí en ese mundillo, investigando, buscando, contrastando, pero solo en la superficie, en el "Google". Esta falta de inmersión, sumada al consejo del mismo hijo de **** de la la Aeropress Go y la V60 firmada por James Hoffmann, desencadenó en una Sage Barista Express.
"Con esto tienes de sobra", me dijeron.
Y ahí estaba yo, triunfador, poderoso, sintiéndome tremendamente más inteligente que el resto de mortales que se introducen en el buen arte de justificar el desacertado sabor de un café de 95€/kg por una mala canalización, o tal vez un par de grados más de temperatura (necesitan un PID). ¿Por qué? Porque me había saltado el paso de la Dedica, había ahorrado dinero y tiempo, y tenía la máquina definitiva del amateur.
Durante un tiempo yo también me lo creí. Molía, prensaba y apretaba los botones sin mucho acierto. Era barista. !¿Qué narices barista?! Era un ingeniero. O mejor aún: un alquimista contemporáneo.
Hasta que vi la verdad. Vi el maldito intercambio de órganos de la Deep Web.
Dicen que un mal obrero siempre culpa a sus herramientas, pero ese no era mi caso. Qué cojones, yo era un alquimista, y como tal necesitaba artilugios a mi altura, no un molino con una retención elevada y sin precisos ajustes para mi Pink Bourbon tostado ligeramente por un microtostador holandés.
Emprendí, de nuevo, la búsqueda con un modesto presupuesto de 1.000€, engullendo 7 horas de podcast de un barista y un tostador en un cantal de un señor chileno (sin acento) que sube cosas de tecnología, pero también era un visionario cafetero con un presupuesto descomunal. Esa Rocket del video me enamoró. Me llamó. Era mi tesoro. Ella vino a mí. Y así fue como pasé de un presupuesto de 1.000€ a uno de 2.000€.
No fue tan sencillo, hubo momentos más oscuros, donde una Micra me ponía ojitos, como si fuera el santo grial, como si al comprarla automáticamente supiese diferenciar las notas a bergamota de un etíope natural mientras se me ponía el pelo canoso y acento de británico. Pero tuve fuerza. O miedo (a mi mujer). O ambas.
Esta batalla terminó en una Rocket Appartamento TCA y una Eureka Mignon Zero, que mantengo 7 meses después.
¿Que por ese dinero hay opciones más racionales? Sin duda.
¿Que podría haber optimizado mejor cada euro? Probablemente.
¿Que me importa? Absolutamente nada.
Os contaré otra cosa. Otro vicio: las motos. Y en ese mundillo paralelo donde el olor a gasolina y el cuero se transforman en sábados de 100€, tenemos un dicho. Una forma de pensar. Elegimos con el corazón, o, siendo más honestos, con algo que se pone duro cuando ves la máquina adecuada. Y la Rocket... oh amigos mios... la Rocket es mi Panigale V4S arrancando a -10ºC en Serbia. Es puro capricho, puro acero brillante.
Desde entonces, mi vida se asemeja a la de nuestro compañero Edgar, y a la de todos nosotros. Desde entonces, mi cuenta bancaría y yo no tenemos la misma relación de confianza que teníamos antes. Desde entonces, el agua Lanjarón se me queda corta y tengo que usar una base alcalina de Bezoya para mis pócimas acuosas. Desde entonces, mi pava no puede valer menos que el SMI de Papúa Nueva Guinea. Desde entonces, soy un alquimista. El Alquimista.
A veces echo de menos la ignorancia. Lo sencillo. Vivir sin que me joda que la retención del Eureka me saque 0,2gr del café del día anterior y tenga que aporrearle como si me debiera dinero para hacerle pagar por sus pecados. Pero luego, veo ese hilo dorado caer... y se me pasa.
Me llamo Jorge Cluni, y los italianos y yo tenemos una relación especial.
Un saludo a todos.

Ahora que tengo vuestra atención, y siguiendo con la presentación de Edgar tan elaborada y cómica, me he decidido por pasar de las presentaciones de dos líneas, a eso que dicen los artistas actuales para evitar usar la palabra copiar: a inspirarme en su presentación y contaros mi historia.
En un lugar de España, de cuyo nombre no quiero acordarme, vivía una persona funcional, feliz con su Nespresso Vertuo y la crema del tamaño de la mano de un recién nacido. Esa mundo donde "intensidad 10" sonaba a algo serio, y mi paladar era un terreno virgen de tuestes medios, adaptado al torrefacto, al sabor a metal; al What Else? y a George Clooney. Libre. Ignorante. Feliz.
Hasta que cometí un grave error.
Hace un par de años un maldito psicópata, que probablemente llevaba una Aeropress Go y un Comandante al trabajo, me dijo: "prueba este café, a ver si notas algo". Y claro, uno no es de piedra. Uno prueba. Uno siente. Y lo que empezó como una salvaje trampa inocente, terminó siendo la puerta de entrada a un universo paralelo donde la palabra "retención" dejó de usarse únicamente cada 6 meses en una llamada de Movistar; donde si mi báscula no tiene la misma precisión que las empleadas por los traficantes de La Línea de la Concepción no es una báscula, es una romana; donde un "27s / 36gr" me alegra el día, y un "24s / 36gr" me deja inválido; y donde, en definitiva, todo tiene más valor (caro), calidad (caro) y es más complicado (caro).
Cual foto de un iceberg en el mar, donde la punta es Google y el fondo es una página de intercambio de órganos de la Deep Web, me metí en ese mundillo, investigando, buscando, contrastando, pero solo en la superficie, en el "Google". Esta falta de inmersión, sumada al consejo del mismo hijo de **** de la la Aeropress Go y la V60 firmada por James Hoffmann, desencadenó en una Sage Barista Express.
"Con esto tienes de sobra", me dijeron.
Y ahí estaba yo, triunfador, poderoso, sintiéndome tremendamente más inteligente que el resto de mortales que se introducen en el buen arte de justificar el desacertado sabor de un café de 95€/kg por una mala canalización, o tal vez un par de grados más de temperatura (necesitan un PID). ¿Por qué? Porque me había saltado el paso de la Dedica, había ahorrado dinero y tiempo, y tenía la máquina definitiva del amateur.
Durante un tiempo yo también me lo creí. Molía, prensaba y apretaba los botones sin mucho acierto. Era barista. !¿Qué narices barista?! Era un ingeniero. O mejor aún: un alquimista contemporáneo.
Hasta que vi la verdad. Vi el maldito intercambio de órganos de la Deep Web.
Dicen que un mal obrero siempre culpa a sus herramientas, pero ese no era mi caso. Qué cojones, yo era un alquimista, y como tal necesitaba artilugios a mi altura, no un molino con una retención elevada y sin precisos ajustes para mi Pink Bourbon tostado ligeramente por un microtostador holandés.
Emprendí, de nuevo, la búsqueda con un modesto presupuesto de 1.000€, engullendo 7 horas de podcast de un barista y un tostador en un cantal de un señor chileno (sin acento) que sube cosas de tecnología, pero también era un visionario cafetero con un presupuesto descomunal. Esa Rocket del video me enamoró. Me llamó. Era mi tesoro. Ella vino a mí. Y así fue como pasé de un presupuesto de 1.000€ a uno de 2.000€.
No fue tan sencillo, hubo momentos más oscuros, donde una Micra me ponía ojitos, como si fuera el santo grial, como si al comprarla automáticamente supiese diferenciar las notas a bergamota de un etíope natural mientras se me ponía el pelo canoso y acento de británico. Pero tuve fuerza. O miedo (a mi mujer). O ambas.
Esta batalla terminó en una Rocket Appartamento TCA y una Eureka Mignon Zero, que mantengo 7 meses después.
¿Que por ese dinero hay opciones más racionales? Sin duda.
¿Que podría haber optimizado mejor cada euro? Probablemente.
¿Que me importa? Absolutamente nada.
Os contaré otra cosa. Otro vicio: las motos. Y en ese mundillo paralelo donde el olor a gasolina y el cuero se transforman en sábados de 100€, tenemos un dicho. Una forma de pensar. Elegimos con el corazón, o, siendo más honestos, con algo que se pone duro cuando ves la máquina adecuada. Y la Rocket... oh amigos mios... la Rocket es mi Panigale V4S arrancando a -10ºC en Serbia. Es puro capricho, puro acero brillante.
Desde entonces, mi vida se asemeja a la de nuestro compañero Edgar, y a la de todos nosotros. Desde entonces, mi cuenta bancaría y yo no tenemos la misma relación de confianza que teníamos antes. Desde entonces, el agua Lanjarón se me queda corta y tengo que usar una base alcalina de Bezoya para mis pócimas acuosas. Desde entonces, mi pava no puede valer menos que el SMI de Papúa Nueva Guinea. Desde entonces, soy un alquimista. El Alquimista.
A veces echo de menos la ignorancia. Lo sencillo. Vivir sin que me joda que la retención del Eureka me saque 0,2gr del café del día anterior y tenga que aporrearle como si me debiera dinero para hacerle pagar por sus pecados. Pero luego, veo ese hilo dorado caer... y se me pasa.
Me llamo Jorge Cluni, y los italianos y yo tenemos una relación especial.
Un saludo a todos.


- By rokeroaficionado